Una cita inesperada

cita inesperada

Beatriz era su nombre, una mujer de gran belleza, de esas que la miras y piensas que es perfecta. Era una chica de buena altura, curvas de infarto, piel blanca y suave, lo que unido a sus ojos azules y pelo negro conformaban un espectáculo hecho mujer.

A veces el destino te depara este tipo de encuentros, en una tienda de ropa, yo iba sola con algunas prensas para probármelas y cuando entré al probador algo distraída me choqué con ella cuando salía.

Tuvimos la típica conversación de cuando unas personas se chocan, yo avergonzada y ella me miraba con sus mágicos ojos clavados en mí ¿estás bien? Así fue la primera vez que nos vimos, después la típica sonrisa y hasta ahí.

A pesar de su belleza, yo seguí con lo que tenía previsto y me probé la ropa, saliendo de ahí con lo que había elegido y fui a la cola de la caja. Mientras esperaba mi turno me tocaron el hombro desde atrás. Hola de nuevo, con una gran sonrisa, le devolví el saludo. Me contó que estaba de paso por Madrid, que había venido a una entrevista de trabajo y que decidió pasar el día en la ciudad antes de volver a su Valladolid natal.

Sentí conexión entre nosotras, así que le dije de tomarnos un café cuando acabásemos. Era algo loco, pero tenía ganas de conocerla algo más y no tenía mucho que perder, ya que quizás nunca podría disfrutar de su compañía. Ella aceptó gustosa con su genial sonrisa.

Mira, ¿nos tomamos algo aquí mismo? – Preguntó señalando a la derecha.

Salimos y después de unos minutos hablando de cosas intrascendentes de la tienda de ropa, nos sentamos en una terraza y allí pasamos tomando una copa cerca de una hora. La verdad que

Un antiguo novio de instituto

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Una cena de antiguos compañeros de instituto sirvió para que hace 5 años retomara contacto con un antiguo novio del instituto. Los años pasan y habíamos pasado por todo, aunque estábamos casados, teníamos ganas de quedar una noche solo para nosotros solos. Era realmente complicado, pero después de un año de mandarnos correos y algún whasApp, por fin teníamos un fin de semana que podíamos escaparnos un sábado.

Pasaría a recogerme antes de cenar para ir a un restaurante, me dijo que no quería que supiera más, que era como una cita sorpresa, solo debía dejarme guiar. Recuerdo que siempre fue muy imaginativo y dejé que me sorprendiera.

Cuando estaba dándome el último toquecito oí su claxon, estaba a la entrada de mi calle esperándome. Los nervios a flor de piel como si fuera una colegiala. Salí de mi casa con una sonrisa y me subí a su coche. Nos saludamos con dos prudentes besos en la mejilla y comenzamos la marcha.

El restaurante era de calidad, sitio reservado y con gran intimidad. Estuvimos hablando sobre los viejos tiempos y sobre nuestras actuales vidas llenas de responsabilidades, compromisos, niños y demás.

Al cabo de una hora pidió la cuenta y nos marchamos. Una vez estábamos fuera le dije, ahora ¿dónde me vas a llevar? Me dijo que no me lo diría sonriendo. Dentro de mi estaba cada vez más empapada, me imaginaba como sería lo que tenía debajo de ese pantalón negro y fantasee con poder tenerla en mi boca.

Un momento después, una mano grande se coló bajo mi ropa interior y comenzó a jugar con el botoncito de placer… Mi siguiente paso sería sencillo, arrodillarme ante él y devorarlo como nunca antes lo había hecho mientras esa preciosa luna llena se reflejaba en sus ojos.

Mi impaciencia aumentaba

El amante contrarreloj

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Manuel es mi amante a contrarreloj, un chico joven, estudiante universitario y gran aficionado a apostar. Cuando llegué nueva a la casa y no contaba con experiencia, ya lo conocían las otras chicas por sus rarezas y peticiones. No era el más guapo ni el más amable, pero tenía un gusto por el morbo que me hacía mojarme más que con ninguno.

Nuestro primer encuentro me hizo estar a la defensiva, como cualquier cosa que no le gustara se quejaba a los foros puteriles, procuré cuidar los detalles al máximo. Creo que notó desde el primer momento que le respetaba y quería agradar y por ello sus encuentros eran especiales.

Nuestras citas eras sesiones de sexo de alta intensidad, más que con nadie. Un día podíamos follar contra la puerta en su casa y otro incluso me animaba a follar en la calle. Me decía que le encantaba que me sintiese una fulana como él decía.

Nunca sabías que te depararía quedar con él y eso me encantaba de Manuel. Hay clientes que te caen bien y repiten, pero normalmente siempre es lo mismo, con él no, siempre había sorpresa. Hasta tal punto que solía decirle horarios en los que sabía que no habría otra compañera para tenerlo solo para mí.

Un día le abrí la puerta con una toalla morada y zapatos de tacón de aguja como única vestimenta. Adoraba verle la cara cuando hacía eso y le dije que me sentía ese día más puta que nunca. Me agarró del cuello y empezó a besarme como un poco mientras con la otra mano tenía sus dedos en mi entrepierna que estaba empapada.

Me sentía cachondísima y yo diría que hasta sucia, cuanto más me sentía, más quería que me dominase y me llamase cosas. Dilató mi ano y

Diario de una sexóloga

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En pleno centro de Barcelona tenía mi propia consulta para terapias sexuales para parejas, conocidos o incluso matrimonios de oro que pasan por un pequeño bache en su relación, sexualmente hablando.

Pasaban todo tipo de personajes de lo más variopintos, de personas comunes hasta estrellitas del famoseo con más de un quebradero de cabeza. No obstante, todos venían por el mismo motivo: el sexo.

Los problemas de erecciones de ellos y la falta de deseo sexual de ellas eran los problemas Premium de mi consulta, pero lo mejor de todo es que me lo pasaba en grande ayudando a más de uno.

Les enseñaba a solucionar los problemas, y hasta en algunos casos les indicaba como tenían que penetras a su pareja para que pudieran alcanzar el nirvana. Pero no todo era flores de colores,  y la crisis azotaba también para aquellos que tenían grandes obstáculos en sus relaciones sexuales (¡y pensad que es sexo es lo que más vende!).

Hace unos años, antes de ser experta en terapia sexual, fui experta en sexo, o en otras palabras, escort en la ciudad condal. Mis experiencias, buenas, malas, regulares y sobre todo fallidas hicieron que mi deseo de seguir dedicándome al sexo aumentara.

Con el paso de los años no paraba de pensar en ser la mejor sexóloga de Barcelona, pero debía dejar mi secreto a un lado. Me formé como pude en el sector y conseguí reunir el suficiente dinero para tener una preciosa consulta para dar mis mejores consejos y soluciones adquiridos con una de las mejores experiencias que una escort puede ofrecer, sin sexo a cambio, claro está.

En mis inicios combinaba mi pasión y mi profesión, y resultó ser la mejor idea jamás pensada. Lo que me aportaba el sexo de mis clientes nocturnos, podía aplicarlo a …

Fantasía de congresos

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Era lunes y me habían enviado a Madrid para un congreso. Los mejores profesionales de las auditorías económicas reunidos en un mismo pabellón durante una semana. Demasiados eventos a los que acudir y mucho tiempo que matar. Estaba yo solo por parte de mi empresa, pero un compañero de la oficina me había comentado que él solía contratar los servicios de alguna escort, así que esta vez quise optar por asistir en buena compañía.

Llamé a una agencia y escogí una rubia con más pecho de lo que un sujetador puede aguantar. Vino al hotel y nos conocimos en el hall. Tenía un cuerpo con el que cualquier hombre se perdería y unos labios carnosos con los que iba a hacer las delicias de mi imaginación.

Tres horas de eventos y ya estábamos de vuelta en mi habitación. Las miradas que mis colegas de profesión le habían dedicado eran de todo menos caballerosas, pero ella hoy era para mí.El dinero no importaba y yo quería pasar tanto tiempo con ella como mi cuerpo aguantara.

Empezamos en la cama. Me forcé a aguantar, no podía correrme al principio de todo, había pensado en hacerle el amor de tantas formas distintas… La puse contra la mesa y ahí ya no aguanté más. Me corrí mientras se la metía por detrás y veía sus pechos rebotar. Una hora después me preguntó si quería seguir o si ya le iba a pagar por los servicios. La cogí de la mano y me la llevé a la ducha. La miré, y le estaba besando el cuello mientras le acariciaba el pecho, cuando ella se puso de rodillas. Ya está, esa sí que iba a ser la definitiva. Pocas cosas me ponen tanto como el sexo oral, y esta escort era de las buenas……

Sexo con ginecologo

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Conocí a Ramón y a su esposa en  la noche de un viernes en un restaurante. Estaba cenando con mi marido y  entraron ellos. Ramón se acercó a saludar a mi marido y me lo presentó. A su  vez, Ramón nos presentó a su mujer. Según me explico Pepe, Ramón era ginecólogo en el mismo hospital que trabajaba mi marido.
Después de la cena fuimos a  bailar a un lugar de moda. Un poco después llegaron Ramón e Inmaculada. El local estaba lleno y Pepe los invitó a nuestra mesa.

Inmaculada y Ramón eran muy agradables y atractivos, ella ejercia una profesion algo mal vista, era escort en barcelona, tenían más o menos nuestra edad. Pasamos un rato muy agradable. Cuando salimos del local, quedamos en llamarnos para salir a cenar juntos otra noche.

Así fue. Salimos varias veces juntos y nos hicimos muy amigos.
Varias veces, había comentado con Ramón que no había vuelto al ginecólogo desde el último parto y me había dicho que debería hacerme una revisión.

Así que un día llamé al móvil de Ramón y le pregunté que cuándo me podía hacer la revisión.
– ¿Cuando te viene bien?- me dijo.
– Los martes y los jueves el niño come en el colegio y no sale hasta las 6.- le dije.
– ¿Puedes estar en la consulta a las 3:30?
– Claro.
– Bueno, pues hoy a las 3:30.

Mi marido tenía guardia en el hospital. Eran las 2 de la tarde, así que tenía que espabilar para estar en la consulta a las 3:30.
Llegué a la consulta un poco antes de las 3:30, me abrió la puerta Ramón.
– La chica no viene hasta las 4:30.- me dijo.
Me pasó a su despacho y después de las preguntas habituales, me pasó a …